
Where the birds always sing
Así se titula una de las canciones que forman parte del album Bloodflowers, de The Cure.
La canción habla sobre la búsqueda de transcendencia. La necesidad intrínseca de alcanzar otra vida más plena después de la que experimentamos como seres humanos en este mundo de belleza y a la par de sufrimiento.
Un mundo que no comprendemos. Un mundo en el que buscamos un sentido y que puede que no lo tenga. Un mundo que simplemente es.
Como dice la letra: «El mundo ni es justo ni es injusto. Sólo se trata de nosotros tratando de darle un sentido«.
El allbum fue un disco conceptualizado como parte de una trilogía junto a Pornography y Disintegration, dos de sus discos más aclamados, especialmente el último de ellos.
Y con el paso del tiempo se ha convertido en uno de mis discos favoritos del grupo. Por supuesto que no contiene la retorcida locura tan brutalmente honesta en Pornography. Tampoco alcanza la grandeza de Disintegration, ni unas letras tan bendecidas por la inspiración, por ese momento álgido de un artista en el que parece que brilla más fuerte que nunca.
Sin embargo, tampoco tiene porque hacerlo y se ha gestado su propio espacio en la discografía. Resulta una mirada madura hacia los mismos temas plasmados en los otros dos álbumes. Una mirada más serena hacia uno mismo, hacia los demás.
Es una mirada más completa y, aunque también resuenan ecos de nostalgia punzante y de sentido de pérdida de la juventud, de transcendencia, me da la impresión de que lo hace desde un punto de aceptación, de mayor sabiduría, abrazando el curso natural de la vida por el que todos transitamos.
Trasteando
Quizás me he acordado de esta canción por una noticia que me llegó este mes de mayo.
Me avisaron del fallecimiento de un colega con el que compartí durante años la afición a los videojuegos, el cine y otros temas en un foro online, de los que parece que ya no quedan muchos.
Es una persona con la que no llegué a coincidir personalmente, sí con otras del mismo foro, y sin embargo, me ha tocado igualmente el hecho de saber que ya no está. Saber que se ha ido con 43 años y que a su mujer y a sus dos hijas les ha cambiado la vida por completo en un sólo momento.
Esto me ha llevado a reflexionar sobre algo de lo que me he dado cuenta desde hace más bien poco tiempo. Es el hecho de aceptar y validar mi manera de experimentar la vida, al igual que ese colega ha vivido la suya a su manera.
Cada uno de nosotros la vivimos de forma única y no hay una forma «adecuada» de hacerlo.
Sí reconozco que hay ciertos elementos que se van revelando como más importantes que otros. Aspectos transcendentales que dan perspectiva a nuestra mirada y transforman cómo vivimos.
En algunos casos experiencias dolorosas como la pérdida de un ser querido, o felices como la llegada al mundo de uno de ellos.
Y sí reconozco también que me he podido perder muchas veces en los aspectos menores, menos importantes, más superficiales. Los que ahora veo con distancia y hacen que me pregunte «¿para qué dediqué tanto tiempo a todo aquello si acabó siendo tan insignificante?
El sentido de la vida
El caso es que tuve que experimentarlo de esa forma para poder llegar al punto en el que estoy ahora.
Me lo pudieron decir de todas las maneras posibles, me lo pudieron pintar de diferentes colores, ya fuera familia, parejas, el entorno., el cine o la música…
La propia sociedad te traslada continuamente cómo se ha de vivir una vida plena. Ya sea a nivel profesional o a nivel personal.
Hasta que yo no hubiese experimentado en primera persona lo que he vivido, no habría podido llegar al punto en el que me encuentro. Sin transición, sin camino, no hay catarsis o transformación. Es necesaria esa experiencia para alcanzar el aprendizaje. Y cualquier forma de aprendizaje es válida.
Hace un tiempo, y especialmente, después de una noticia cómo la del fallecimiento de alguien cercano, un amigo, un familiar, habría entrado en esa espiral de tristeza, desconcierto y finalmente culpabilidad.
Me llenaría la boca con «debería, tendría,..» y la cabeza con «a partir de ahora…«.
De hecho, justo hace un año, cuando falleció uno de mis tíos, y nos encontramos buena parte de la familia para su funeral, me chocó el que buena parte de mis primos y primas nos viéramos sólo por esa circunstancia después de mucho tiempo.
Algo parecido ocurrió con el fallecimiento de la madre de uno de mis amigos de cuadrilla, a finales del año pasado.
Vive y deja vivir morir
Ahora, no significa que este tipo de situaciones no me sacudan y me hagan dar un paso atrás para re-calibrar mi perspectiva de la vida, de lo que puede ser importante, de volver a enraizar y tratar de abrazar la existencia.
La diferencia que siento es la de que ya no lo percibo como una obligación sino como una decisión propia. Para mí, es querer estar en la vida sin necesidad de exprimirla como si fuera a acabarse en este mismo instante. Y hacerlo desde un foco consciente.
Me resulta tan válido y tan vivo estar hoy escribiendo este texto tranquilamente desde mi casa como trabajar en varios proyectos a la vez sin parar durante semanas como salir a tomar unas cervezas con amigos o tomarme unos días libres y viajar.
Eso me trae paz. Valida que mi experiencia es única y necesaria para que yo pueda seguir aprendiendo y evolucionando a mi manera, y no a la manera de los demás, que estará muy bien para cada persona.
Así que a partir de ahora, me adhiero también al título de una de las composiciones de Paul y Linda McCartney y sus Wings.
Empezar con un fin en mente
Este mes de mayo se me ha convertido en junio casi sin darme cuenta. Dejé el borrador de esta publicación prácticamente lista para publicarla a final de mes y han acabado pasando 2 semanas.
Casi va a solaparse con la publicación de la llegada del verano y pre-lanzamiento de mi plataforma de cuentos Blissful Thinking.
Ha sido un final de mes que se me ha atragantado literalmente. A nivel profesional me ha traído un mal trago como formador, aunque resultara una buena experiencia como aprendizaje.
Me ha servido para saber a qué decir que sí y a qué decir que nó, por responsabilidad propia para contestar afirmativamente cuando tenga la seguridad de que voy a poder ofrecer un buen resultado.
También me ha servido para repensar mi dedicación estas últimas semanas al proyecto de Blissful, que por atender esa otra labor profesional esporádica, ha resultado muy desdibujada.
Follow your Bliss
Blissful Thinking no es un proyecto que requiera de ninguna prisa sino de foco, de buen hacer, determinación y convicción en cómo va a funcionar, para qué, y, como su nombre me recuerda constantemente, haciéndolo desde la dicha.
Tiene que ser fuente de disfrute para mí y para las personas que colaboran y participan. Se puede adaptar a los recursos disponibles y los recursos se han de plegar al espíritu y filosofía del proyecto.
Y yo, personalmente, también me debo al proyecto y me pongo a su servicio. Y para respetarlo, no puedo desviarme en otras labores que simplemente reviertan en recaudar dinero para volcarlo en Blissful sin un propósito.
Por supuesto que participo en otros proyectos fuera de Blissful que encajan en valor y que siento equilibrados. Formar parte del equipo del Grupo Gestionet, mi aportación a La Galeria SA o las colaboraciones que pueden surgir con entidades como Bilbao Ekintza.
De los que hablo son de aquellos proyectos con los que desde el primer momento me surgen dudas, donde hay algo que no acaba de encajar del todo. A esos estoy aprendiendo a decir que nó.
Spiritfarer
Aparte del poema «mensual» que formará parte del libreto que publicaré próximamente, no quiero cerrar esta publicación sin compartir una canción, parte de la bso de un videojuego que habla precisamente de aprender a decir adiós, de transcender y de agradecer lo compartido.
Quizás a Cragor, este amigo que nos dejó hace unas semanas repentinamente, no le habría entusiasmado, siendo mucho más seguidor de los géneros jrpgs o los souls.
En cualquier caso, es una preciosa canción con una maravillosa letra, que vuelve a conectar con la que os comparto de The Cure, y que abre esta publicación.
Spiritfarer, de Thunder Lotus Games, lo podéis comprar en Steam.
Y su bso, de Max LL, la podéis adquirir en BandCamp.
Para mí, este juego es también una inspiración sobre cómo un proyecto hecho con talento, convicción y mucho cariño, acaba transmitiendo todas esas emociones y se gana al público de manera natural.
No puedo hablar de talento por mi parte, salvo quizás en ser bastante creativo y utópico. Sí puedo hablar del talento de las artistas que colaboran como Raquel GuMa. Y sí puedo hablar con más claridad de mi convicción y mi cariño hacia Blissful Thinking.
Sin llenarnos de responsabilidad, espero hacerle justicia. Es un proyecto que siento que se lo merece.
En Amor, Arte
Y ahora sí, como en anteriores meses, despido el artículo con otro de los poemas que publicaré en el libro En Amor, Arte en los próximos meses de verano.
Otro pequeño homenaje por mi parte a ese colega, Cragor, y a su familia.
Eternidad
Cierro mis ojos.
Escucho la música.
Bálsamo de notas que surgen
de flautas, sitares y bocas.
Mi mente se desvanece
como el humo de incienso
que se esparce por el aire,
se retuerce y se mece.
Mi cuerpo arrodillado
se entrega como un junco
que doblado por el viento
besa la orilla de un lago
que contiene, que refleja
mis recuerdos, mi existencia.
El corazón me susurra,
mi espíritu se aquieta.
Siento el anhelo,
la vuelta a la esencia.

Y como el hielo del invierno
abraza la primavera
mi pecho se abre
y lágrimas de dicha
resbalan, me ciegan.
Flores de colores
brotan a mi alrededor.
Un camino de estrellas
se ilumina frente a mí.
Ya no soy yo.
Ya no estoy aquí.
Sino en los pétalos
suspendidos en el aire,
con el sol de poniente
refulgiendo en llamas
sobre un campo verde.
Ya no soy yo.
Ya no estoy aquí.
Sino en la brisa
que viaja desde las costas
junto a fragancias dispersas
por mercados antiguos,
repletos de especias.
Ya no soy yo.
Ya no estoy aquí.
Sino en la humedad
de ríos distantes
descendientes de montañas
con glaciares ancestrales
que crujen en sus entrañas.
Ya no soy yo.
Ya no estoy aquí.
Sino en templos de ascetas
que bailan al ritmo
de sombras etéreas
implorando a los dioses,
rodeados de velas.
Ya no soy yo.
Ya no estoy aquí.
Ya no queda nada
más que decir.
¿Cuando estará disponible «En Amor, Arte»?
Una vez que esté terminado de maquetar y en formato digital adecuado, lo publicaré el siguiente día 15, coincidiendo con el artículo mensual.
Espero que con las luces del solsticio de verano, aunque quien sabe.
Y si queréis que os lo recuerde cuando esté disponible, os dejo aquí un formulario. Si os interesa adquirirlo podéis registraros para que os llegue el aviso. Mientras tanto estaré compartiendo trocitos cada mes en estos artículos.
De nuevo, estaré agradecido de leer vuestros comentarios.
Gracias por acompañarme hasta aquí.
