
Hello, I Love You
4 palabras tan sencillas y simples. Tan directas como ese himno que se clavaron The Doors hace tantas décadas y que aún suena de maravilla.
4 palabras que a veces resulta muy sencillo decirlas a personas a las que aprecias de verdad aunque no hayas llegado a tener una verdadera intimidad.
4 palabras que a veces se me atragantan con la gente a la que más quisiera decírselo y con las que sí hay un largo historial de experiencias compartidas y de vulnerabilidad expuesta.
Me resulta curioso este revoltijo, esta incongruencia. ¿No tendría que ser al revés?
Quizás contar con ese bagaje, con esa vulnerabilidad, es lo que me retrae a la hora de poder expresarlo.
Hablar con el corazón
Recuerdo que hace un par de años más o menos quise compartir esto con mi padre. Quería compartirle que le quiero, que le respeto y le agradezco todo lo que me ha enseñado y apoyado.
Quería pedirle perdón por haberme comportado como si yo fuera el único adulto y considerar que él necesitara seguir mis ideas, mis convicciones o mi perspectiva de la vida, creyéndolas mejores para él también.
Le invité a pasar un rato por mi casa para ayudarme con una tarea. Y poder disponer así de un espacio para hablar.
Tardé dos horas en conseguir decírselo y sólo pude hacerlo cuando ya estaba sentado en el coche a punto de marcharse.
¿Cómo puede ser posible que no sea capaz de compartir todo esto más a menudo con él y con más personas? y sobre todo, ¿Cómo puede ser posible que no pueda hacerlo con mayor ligereza y libertad?
Sí siento que mi corazón se alegra al compartirlo, está deseando decirlo de verdad, ¿qué mecanismos actúan entre medio para generarme esa bola en el pecho que no me permite verbalizarlo?
¿Es orgullo, miedo, incomprensión, desconocimiento, prejuicios?
Queriendo salvar a quienes amamos
Fuera aparte esa ocasión compartida con mi padre, a lo largo de mi casi medio siglo de vida, he experimentado unas cuantas situaciones con personas muy cercanas que bien podrían haberse representado por algunas de las secuencias que aparecen en este video de Like Stories of Old:
Un video que habla sobre cómo uno trata de acercarse a la otra persona creyendo conocerla en profundidad y creyendo saber qué es lo mejor para ella, qué es lo que le conviene. Partiendo de la premisa de que esa persona necesita ser salvada de alguna parte errónea o defectuosa de sí misma.
Generalmente, no nos damos cuenta de que la otra persona aún sigue siendo un misterio, y lo que consideramos que le conviene, o cómo se siente, sólo es lo que imaginamos.
Reflexionando tras haber visto ese «ensayo» en varias ocasiones, coincido y me siento identificado al comprender que en muy pocas ocasiones he podido conectar con la otra persona a un nivel en el que la haya visto y la haya escuchado sin juicio.
Son pocas las ocasiones en las que la he podido mirar como si fuera la primera vez y dejarme sorprender. Momentos en los que he estado lo suficientemente abierto y «vacío» de prejuicios como para poder aceptar a esa persona tal y como es. Tal y como quiere ser. Tal y como quiere experimentar la vida.
Y esto se ha vuelto cada vez más escaso a medida que la relación se ha alargado en el tiempo.
La chispa adecuada
Hay chispazos, brillos momentáneos donde se deja entrever, quizás especialmente cuando algún acontecimiento externo ha derrumbado por completo esas «barreras» y la persona, o las personas, nos hemos permitido mostrarnos por completo.
Y después ha vuelto la niebla, los silencios, la distancia aunque estés tan cerca que puedas escuchar sus latidos.
Estoy seguro de que para muchas otras personas es muy diferente. Precisamente, esa longevidad de la relación ha podido crear ese espacio de complicidad profunda, casi de poder sentir al otro con una mirada. Y cuando hablo de relaciones me refiero a todo tipo. Desde las familiares a las amistades o parejas.
Llegado a este punto de mi vida, y en cómo me estoy sintiendo, me da la impresión de que yo también me estoy revelando como otro misterio para mi entorno más cercano.
Y en mi particular búsqueda para encontrarme conmigo mismo y descubrir quien soy, necesito recuperar una individualidad a partir de la cuál pueda compartir con las otras personas desde un espacio propio, sin perderme, y desde el que no haya que hacer nada para ser y estar.
Esto se recibe como un alejamiento. Como una ruptura. Como un misterio mayor.
Un «alejamiento», una «ruptura» y un «misterio» que estoy experimentando con más fuerza desde comienzos de este año.
Reading (que no Redding)
Este pasado fin de semana terminé el módulo I de Reading, dentro de la formación de intuición de la Escuela EiVida.
Casi como hacía el bueno de Otis, sentado en el puerto de la bahía, al sol del amanecer, nos sentamos todo el fin de semana para ver «el tiempo pasar» y «no hacer nada».
He hablado de esta formación en algún artículo previo. Personalmente, está siendo una de las experiencias más transformadoras que he sentido junto a la que comencé de tantra en 2022.
No pretendo aquí darle visibilidad ni invitar a las personas que podáis estar leyendo esto. Ya he pasado por eso y ya me he dado cuenta de que no es necesario.
Quien quiera estar, quien sienta estar, quien haya decidido experimentar esta escuela como forma de aprendizaje de su esencia en esta vida, la conocerá de alguna manera y llegará a la escuela por su propio pié.
Hablo de la escuela simplemente para compartir mi propia experiencia y para ponerle palabras.
Y de todo lo que he probado en este ámbito es la que más siento que encaje como un guante o como la horma de mi zapato.
La horma de mi zapato
Es curioso que la etimología de este dicho tiene dos interpretaciones que pueden parecer contrarias.
- En una, se refiere a encontrar a algo/alguien que se ajusta perfectamente a una persona, resultando compatible.
- En otra, se toma esa misma referencia y se mira desde el punto de vista de resultar el reto perfecto para esa persona en ese contexto. Un igual con el que no habrá victoria ni derrota.
Volviendo a la escuela, ambas me resuenan. Me siento como en casa y a la vez me siento constantemente retado por el proceso por el que me está llevando.
El año pasado terminé Healing, el módulo previo, con certeza de ser algo más que piel y huesos y con la alegría de sentir la simplicidad de la vida a mi alrededor, toda vida.
Ahora en Reading, estamos construyendo sobre esa base para cimentar la belleza de ver y ser visto desde un acompañamiento puro, sin juicio, donde nos hemos vaciado de nosotros mismos y solamente decimos Hola al otro ser/persona.
Esas 3-4 simples palabras de los Doors: “Hola, te quiero” traducidas como un “te veo”, “te acepto”, “te saludo” tal y como eres, como te muestras, como te sientes en este momento.
Ahora según escribo esto me acuerdo de dos términos que también hablan de ello.
Ubuntu
Esta primera palabra, además de dar nombre a una distribución del Sistema Operativo Linux y su ecosistema de código abierto, es un saludo de origen africano.
La palabra proviene de las lenguas Zulú y Xhosa. Surge del dicho popular «Umuntu, nigumuntu, nagumuntu» que en Zulú significa «una persona es una persona a causa de las demás».
Ojeando el artículo de la wikipedia, me quedo también con esta otra frase que lo resume: “Una persona se hace humana a través de las otras personas”.
Y os dejo también una cita del clérigo/teólogo Desmond Tutú, en ese mismo artículo de wikipedia:
Una persona con ubuntu es abierta y está disponible para las demás, respalda a las demás, no se siente amenazada cuando otras son capaces y son buenas en algo, porque está segura de sí misma ya que sabe que pertenece a una gran totalidad, que se decrece cuando otras personas son humilladas o menospreciadas, cuando otras son torturadas u oprimidas.
Desmond Tutú
Haal
Esta segunda palabra proviene de la cultura musulmana y es parte del saludo cotidiano “¿Cómo estás?”
En Persa se dice tal que así: Haal-e shomaa chetoreh? ¿Cómo está tu haal?
Haal es el estado de transición en el que se encuentra el corazón de cada un@ en este preciso instante.
Más que seguir explicándolo con palabras propias os dejo la cita de otro blog, traducción del texto original de Omid Safi:
No te estoy preguntando cuántas cosas tienes en tu lista de cosas por hacer, ni cuantos correos hay en tu bandeja de entrada. Quiero saber cómo le va a tu corazón, en este preciso instante. Dime. Dime que tu corazón está jubiloso, dime que tu corazón está dolorido, dime que tu corazón está triste, dime que tu corazón ansía un toque humano. Examina tu propio corazón, explora tu alma, y luego dime algo de tu corazón y tu alma.
Dime que recuerdas que todavía eres un ser humano, no simplemente un “hacedor” humano. Dime que eres más que una máquina, revisando las notas de tu lista de cosas por hacer. Ten esa conversación, echa esa ojeada, da ese toque. Se una conversación sanadora, esa llena de gracia y presencia.
Pon tu mano en mi brazo, mírame a los ojos y conecta conmigo por un segundo. Dime algo sobre tu corazón, y despierta mi corazón. Ayúdame a recordar que yo también soy un ser humano lleno y completo, un ser humano que también ansía un toque humano.
Omid Shafi
Leyéndolo me recuerda a una persona con la que compartí esta historia cuando estábamos empezando a salir. Si lo lees, quizás también lo recuerdes con una sonrisa :D.
Volviendo al presente, esa descripción de Omid Safi refleja bastante bien lo que estuvimos haciendo durante todo este fin de semana en la escuela de intuición. Sentarnos unos enfrente de otros y vernos, escucharnos, de otra manera, llegando a la esencia que hay dentro de cada uno.
Personalmente, me parece un regalo enorme y una experiencia como pocas. Me llena con una simpleza abrumadora y siento como cambia mi perspectiva sobre todo lo demás, que deja de ser tan «importante».
Y me reconforta sabiendo que la vida puede ser, es, muy hermosa. Y algo que también me agrada es que lo hace de tal manera que no se presenta como lo único válido o necesario. No renuncia a todo lo demás sino que le da un sentido, lo integra en sí mismo y lo potencia.
El espejo
También me abre los ojos y me ayuda a mirarme al espejo para integrar esa otra parte de la existencia.
Me veo muy reflejado en esa dicotomía entre “hacedor humano”, entre ser una lista inacabable de tareas por hacer con dos patas, y “ser humano”, un alma que ha decidido morar un cuerpo y experimentar esta existencia junto a otros “seres humanos”. Y esta última acepta a la otra y la abraza, no reniega de ella.
Siento ambas partes muy presentes y con mucha fuerza. Y, ahora desde una mayor calma y certeza que hace años, deseo darles equilibrio en mi vida.
Siento también esa dificultad compartida en el video de Like Stories of Old para «salvar» o «salvarnos» entre quienes nos amamos. Y, como se plantea en el video, y en la novela autobiográfica «El río de la vida» de Norman McLean que se llevó al cine por Robert Redford, no hay nada que salvar realmente.
Me encantaría poder sentarme delante de mi padre, de mis familiares, de esas personas amadas, junto a esas personas amadas, y al igual que practicamos en EiVida, darnos un hola mutuamente, recibir un hola, sin palabras.
Sólo un «aquí estoy«, «esto soy», como aquel reencuentro de Marina Abramovich con su ex-pareja.
Y sin juicios como lo hacemos con una puesta de sol, mientras caminamos por un bosque rodeados de naturaleza, o como un recién nacido se abre a la vida.
Sé que no me resulta fácil. Sé que estoy en ese camino y sé que quiero experimentarlo.
Espero poder llevarlo a cabo antes de que ya no podamos seguir compartiendo esta vida terrenal y tengamos que esperar a coincidir en la siguiente 😀
En Amor, Arte
Como en anteriores meses, despido el artículo con otro de los poemas que publicaré en el libro En Amor, Arte en los próximos meses de verano.
Este ha sido el último en llegar, más corto que en otras ocasiones, y el más rápido en ser compartido. Quizás, como su contenido, tenía ganas de salir volando.
Palabras
Se escurren entre mi dedos
sobre el manto blanco de mi cuaderno.
Desatan tempestades a los cuatro vientos
y se tornan aludes de tinta y duelo.
Se vuelven susurros rozando tus labios.
La calma les llega al sentir tu aliento.
Se cuelan en tu regazo,
te encienden por dentro.
Las envidio por su atrevimiento.

¿Cuando estará disponible «En Amor, Arte»?
Una vez que esté terminado de maquetar y en formato digital adecuado, lo publicaré el siguiente día 15, coincidiendo con el artículo mensual.
Espero que con las luces del solsticio de verano, aunque quien sabe.
Y si queréis que os lo recuerde cuando esté disponible, os dejo aquí un formulario. Si os interesa adquirirlo podéis registraros para que os llegue el aviso. Mientras tanto estaré compartiendo trocitos cada mes en estos artículos.
De nuevo, estaré agradecido de leer vuestros comentarios.
Gracias por acompañarme hasta aquí.
