
The Lighting of the Beacons
Una imagen quizás no vale más que mil palabras aunque sí nos las puede resumir muy bien. Así, el encendido de una hilera de faros puede plasmar el coraje ante las adversidades, cómo los actos más pequeños consiguen dotar de esperanza y extenderse hasta alcanzar cambios que no hubiésemos creído posibles.
Leyendo esto, a mediados de enero, después de la resaca navideña, puede que nuestro subconsciente como lectores (y el mío como autor) nos haya devuelto la imagen de unas velas sobre la mesa de comedor, expectantes ante las campanadas de fin de año.
Una larga mesa de comedor tan blanca y resplandeciente que pareciera cubierta de nieve. Un valle invernal salpicado por pequeñas regiones culinarias aquí y allá, entre colinas de cristal cubiertas de lagos rojizos y dorados que tintinean, y coronado por los picos de esas velas resplandecientes.
Como estrellas en el cielo sobrevolando la escena, una cúpula de comensales con sus mejores galas dispuestos a celebrar el cambio de año. Dispuestos a renovar unos votos, unas promesas, una esperanza mientras se despliega el nuevo año ante nosotros.
Ahí es donde nos quedamos hace tan sólo 15 días. Literalmente ha pasado un año. Y con el peso que nos evoca esa palabra, emocionalmente comenzamos a regresar a la rueda de la vida cotidiana. Comenzamos a sentirnos igualmente distantes y a sostener, quizás, de nuevo, el goteo constante de noticias desalentadoras.
Costas distantes
Esto me lleva de vuelta al título del artículo (el encendido de los faros), a los responsables del mismo y a la postal melómana que parece que tiendo a dejar en cada publicación.
El título se corresponde a una de las piezas de la banda sonora de El retorno del rey (El Señor de los Anillos), compuesta por Howard Shore. Una escena que ilumina y eleva con su música.
Es una escena que Peter Jackson, Fran Walls y Phillipa Boyens, se sacaron de la manga para su adaptación cinematográfica de la trilogía de J.R.R. Tolkien.
En la novela resulta mucho más parca y pasiva, casi quedando en segundo plano como parte del escenario durante una travesía a galope. En la película, sin embargo, consiguen darle mucho más protagonismo.
Además de deslumbrarnos los sentidos como espectadores, consigue darle un matiz diferente a su significado, pasando de ser una petición de ayuda, una señal de desesperación, a convertirse literalmente en una llama de esperanza.
La esperanza de un necio
Partiendo de un pequeño acto, el del hobbit Pippin prendiendo fuego a hurtadillas a una de las hogueras de la ciudadela, se desencadena un torrente de faros iluminados a lo largo de kilómetros hasta alcanzar un destino, que posteriormente, dotará de coraje a los protagonistas y dará un vuelco al desenlace.
Esa llama que se extiende en la pantalla, a través de kilómetros, lo hace también traspasándola y vibrando dentro de cada una de las personas que esté viéndola, sumergida en la maravillosa música compuesta por Howard Shore.
En la trilogía de Tolkien (y adaptación cinematográfica de Jackson) hay innumerables escenas como esa.
Son escenas en las que resonamos con una respuesta que surge de forma natural en lo más profundo de cada uno de nosotros. Una respuesta que aparece en muchas más situaciones de la vida de las que solemos recordar en nuestra cotidianidad.
Es lo que nos hace empatizar, acoger, sostener, abrazar. Es lo que en esencia nos define como seres humanos.
¿Podemos ser Héroes?
Es cierto que podríamos decir que también como seres humanos estamos siendo la causa de la destrucción de nuestro propio planeta, e incluso de nosotros mismos.
Somos responsables de la contaminación, de la explotación de otras especies o de su extinción, del consumo insaciable, de la desigualdad, del hambre y las guerras.
Pareciera que esa cruz de la moneda es lo único presente y constante.
¿Estamos abocados al desastre como colectivo? ¿Es inevitable y sólo va a ir a peor? ¿todo está en manos de grandes corporaciones en la sombra que se alimentan de este caos?
¿Y cómo respondemos ante ello? ¿culpando a la inactividad de los gobiernos, de las organizaciones que deberían velar por todos? ¿mirando hacia otro lado, agachando la cabeza y quedándonos en las «repúblicas independientes de nuestras casas» y nuestros pequeños momentos de disfrute?
¿O nos dedicamos en cuerpo y alma a resolver todos los problemas del mundo, a cargar con la cruz de todos los pecados sobre nuestras espaldas, a salvar a todas y cada una de las personas y nos desangramos en el intento hasta que no podamos más?
¿O rompemos con una sociedad que no se sostiene, en la que ya no encajamos, y nos exiliamos en refugios alejados y aislados de todo ese ruido mientras sea posible?
Personalmente, estas cuestiones me han estado rondando con cierta frecuencia, especialmente en estos últimos meses. Y las respuestas han ido cambiando de color.
Es una reflexión personal que se ha acabado encontrando de bruces con otra reflexión magistralmente plasmada en este video por un creador al que sigo desde hace algún tiempo: Like Stories of Old.
Os recomiendo que le reservéis un hueco en vuestras agendas y disfrutéis de ese video con calma.
Cruce de caminos
Ahora que estáis de vuelta y nos encontramos de nuevo en esta encrucijada, ¿hacía donde nos dirigimos?
Tolkien habla de dos tipos de moral.
Por un lado, aquella del ser humano donde coexiste una amalgama de respuestas y matices. Donde se entremezclan las posibilidades, donde podemos encontrar actos de maldad entre los más buenos de nosotros o donde las personas más viles pueden encontrar momentos de redención.
Por otro lado, Tolkien contempla una moral universal binaria en la que no hay duda ni cabida para grises. Hay una clara distinción entre el bien y el mal. Uno no puede contener al otro y viceversa.
Como decía Stephen Covey, existen unos principios ajenos a uno mismo, un concepto puro, una esencia del bien y del mal, que todos podemos reconocer, independientemente de nuestro origen.
A eso aludía también Joseph Campbell con respecto a su teoría del monomito.
Recuperando otra frase de El Señor de los Anillos, Gandalf comparte con Frodo lo siguiente:
Muchos vivos merecerían la muerte, y algunos que mueren merecen la vida. ¿Podrías dársela tú, Frodo?
No seas ligero a la hora de adjudicar muerte o juicio. Ni los sabios pueden discernir esos extremos.
…
Lo único que podemos decidir es qué hacer con el tiempo que se nos ha dado.
El Señor de los Anillos – La Comunidad del Anillo
Quizás es ahí donde encontramos el libre albedrío dentro de la idea de destino y predeterminación.
Siguiendo esta encrucijada, no puedo pasar por alto la película La Carretera, otra adaptación en este caso de la novela homónima de Cormac McCarthy.
Sin entrar en detalles para quien no la haya visto o leído, en ella se alude al concepto de preservar el fuego, a mantener viva la llama. Como en la escena de El Señor de los Anillos, ese fuego se corresponde a un símbolo de pureza, de esperanza, de convicción sobre hacer lo correcto.
Es una de las películas que mayor impacto emocional me ha generado. Recuerdo que la primera vez que la ví me dejó literalmente sin palabras.
El bien en el mundo
La respuesta a esta reflexión, a escuchar la que han compartido otras personas, y a mirar mis propios pasos me llevan ahora a elegir donde poner el foco. Y me quedo con darle más presencia a todo lo bueno que puede existir, a los cientos o miles de actos de bondad de muchas personas individuales cada día, en muchas partes del mundo.
Porque en el caso de optar por la otra vía, esta nos puede llevar a la parálisis. Nos puede llevar a la incapacidad para sostener una realidad que se asoma por los medios y nos grita crueldad. Una crueldad que está fuera de nuestro alcance para detenerla por completo directamente.
O bien nos puede llevar a la ceguera y desembocar en la sedación, la muerte en vida a través del entretenimiento, el consumo, la desconexión. Y eso es lo que más conviene a quién quiera perpetuar este escenario.
Evidentemente, resulta más sencillo decir esto mientras dispongo de una cierta comodidad, de salud, de un techo y de comida, sin situaciones de violencia o abuso o pérdida.
Me quedo con esta otra frase de Tolkien y con mi propia esperanza de comportarme de esa manera si a partir de ahora me encuentro (o cuando me encuentre) en primera persona con una situación así.

La “bondad” del mundo depende del comportamiento de un individuo en circunstancias que le demanden un sufrimiento y resistencia más allá de lo cotidiano, que le demanden una fortaleza de cuerpo y mente que quizás no pueda poseer.
J.R.R. Tolkien
Y recojo también esta otra frase de Viktor Frankl, el psiquiatra, filósofo austríaco, superviviente del holocausto nazi y escritor del libro «El hombre en busca de sentido«.

Fundamentalmente, originariamente, primordialmente, cualquier ser humano se preocupa de algo ahí fuera en el mundo.
Se preocupa por alguien ahí fuera en el mundo.
Un ocupación que realizar, un trabajo que completar, una tarea, un significado, una misión en la vida esperándole.
Y en última instancia, esto no lo hace para sí mismo sino para una causa a la que servir, una persona a la que amar, y nunca, nunca, sólo para sí mismo.
…
La verdad última es que el amor es la mayor y más alta meta a la que el ser humano puede aspirar.
Viktor Frankl
El fuego en nuestras vidas
Este pasado final de año fue también un momento de contrastes con respecto al fuego, a cómo tenía pensado plasmar lo que representa metafóricamente en las películas comentadas, las frases citadas.
Y aquí me resulta necesario hacer un inciso para compartir una historia mucho más cercana.
Fue muy paradójico ver cómo hace un mes, prácticamente en los mismos días, Finca La Maye, otro de los canales que sigo con asiduidad en Youtube, dedicaba su último video del año al fuego en nuestras vidas, mientras el Serbal y la Luna, albergue de una amiga, se quemaba por completo por accidente.
El video de Finca la Maye, nos habla del fuego como el corazón del hogar, la lumbre alrededor de la cuál se vive el invierno y se mantiene cohesionada la comunidad.
Las dos hermanas nos hablan de cómo se ha perdido ese concepto en su definición tradicional. Nos hablan de cómo hemos olvidado esa sabiduría «ancestral» en esta sociedad moderna y tecnológicamente avanzada.
Una sociedad en la que, en general, cocinamos con placas de inducción y microondas. Donde apenas solemos dedicar tiempo al propio proceso de cocinar, acompañándonos al calor del fuego. Donde nos rodeamos de tuppers para comer en los ratos libres del trabajo.
Personalmente, entiendo que en ese video, lo que pretenden transmitir es un sentido de equilibrio, una forma de vida con un ritmo diferente, en la que puedan coexistir tecnología y tradición, conocimiento y sabiduría.
Todo ese mensaje que trasladan en Finca La Maye no pierde ni un gramo de valor aunque por otro lado la realidad nos golpee con accidentes tan desafortunados como el de Mar y su familia, cuyo albergue se consumió por un incendio.
El Serbal y la Luna
Mar estableció el albergue hace más de 10 años en Pieros. Un pequeño pueblo de menos de 20 habitantes en la ruta del Camino de Santiago entre Ponferrada y Villafranca del Bierzo.
Es un albergue que descubrí como peregrino en septiembre de 2022. Me gustó tanto que decidí quedarme a descansar durante varios días que resultaron ser de los mejores de ese camino.
Y durante el mes de agosto de 2023 repetí estancia esta vez como voluntario hospitalero.
Es un albergue especial para muchos de los peregrinos que pasamos por allí en algún momento.
Tenía un aire diferente, acogedor, como la propia Mar. Y un entorno que transmitía paz.


La fotografía del buda frente a la ventana que compone la cabecera de este blog está sacada en el comedor de ese albergue.
Tilli, amiga y hospitalera con quien coincidí junto a su pareja Fabrizzio, ha creado una campaña para recaudar fondos que irán íntegramente para Mar y su familia.
Os dejo el enlace a la campaña por si os nace colaborar ya sea directamente o difundiéndolo.
Y si queréis colaborar de alguna otra manera, podéis escribirme o comentar en esta misma entrada del blog y os pondré en contacto directamente con Mar.
La ciudadela blanca
Personalmente, (re)comencé este blog por varios motivos.
Primero, porque me he dado cuenta de que me gusta escribir y porque me está ofreciendo espacios para descansar.
Segundo, porque es una buena costumbre como ejercicio de reflexión, como motivo para leer y escuchar a otras personas, y para mejorar mi propia escritura.
Tercero, porque puede ser una de mis formas de contribuir a otras personas y a un bien común.
En ese sentido, me siento igual que Pippin. Una persona insignificante en una enorme ciudadela blanca de altos muros, a punto de ser engullida por la oscuridad.
Un escenario en el que el reflejo que me devuelve la realidad parece no dejar espacio para la esperanza y donde nada de lo que hagamos parece que pueda suponer un cambio.
Un escenario que también reconozco no sólo como un entorno a mi alrededor sino como un espacio propio. Porque esa blanca ciudadela y esa negra oscuridad se albergan dentro de mí y soy responsable de alimentar a una o a otra.
Todos y cada uno de nosotros podemos subir hasta esa torre, como Pippin. Todos y cada uno de nosotros podemos prender ese cambio. Quizás nos sorprenda ver que a lo lejos otras almenaras comienzan a iluminarse.
Y así, alrededor de esta imagen, casi para poner punto final, os dejo un par de susurros, un par de puertas entreabiertas, y una invitación para adentraros y poneros cómodos.
Eguzkilores
La primera de las invitaciones resulta ser el teaser de un teaser.
Haciendo un guiño a Bilbo Bolsón, es menos de la mitad del mensaje que presentaremos dentro de menos de la mitad de los días que pudierais pensar que tardará y no deja de ser menos de la mitad de lo que me gustaría que os llegase a más de la mitad de quienes lo leáis.

Dentro de unos días, estrenaremos web de Blissful Thinking y algo más sobre este eguzkilore.
Y es que, que mejor que una buena historia, un buen cuento, al calor del hogar y de buena compañía.
Para eso nace Blissful Thinking, como espacio metafórico sobre el que juntarse para compartir silencios, miradas, historias y sabiduría.
En Amor, Arte
La segunda invitación recupera los poemas que os he ido compartiendo desde el año pasado.
En febrero de 2024, justo dentro de un mes, voy a publicar en formato digital una recopilación de poemas que escribí hace un par de años. Un libreto que, definitivamente, se titulará «En Amor, Arte«.
Literalmente va a ser mi primera publicación. Sencilla y espero que sea el primer paso de muchos otros.
Hasta dentro de un mes, continuaré compartiendo algunos de ellos acompañando artículos del blog.
El de esta ocasión lo he elegido por resonarme con los temas tratados. Y no entro en más detalle para que cada cuál lo sienta a su manera y le dé la interpretación que prefiera.
Os dejo con el tercer poema.
Camino de rosas
Tu ropa, hecha jirones. Tu cuerpo, en los huesos. Tu mente, desencajada. Tu espíritu, ileso. Tus pies, desnudos, sobre el manto blanco de un invierno que congeló todo a su paso, que parecía que fuera eterno. Derriten la escarcha de tus venas, de tu pelo, de tu anhelo. Y de tus ojos cae el velo que a la fuerza cargabas a tu espalda.

Te arrebataron todo aquello que no necesitabas para que encontraras lo que nadie puede arrancarte, lo que siempre llevaste dentro. Respiras profundo. Tu corazón (ya no) se detiene. Tus huellas, rosas rojas que brotaron sobre la nieve. Y ya no sientes frío. Ya no sientes miedo. Se abre la primavera. Caminas por el cielo. Arterializados (Gorka Garcia Barrero)
¿Cuando estará disponible «En Amor, Arte»?
Este mes de febrero, el día 15, coincidiendo con la publicación del próximo artículo.
Si queréis que os lo recuerde cuando esté disponible, os dejo aquí un formulario para que os llegue el aviso por correo por si os interesa adquirirlo.
De nuevo, estaré agradecido de leer vuestros comentarios.
Gracias por acompañarme hasta aquí.

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